"El destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad." Autor: Giovanni Papini

PS María Isabel Mardones Gutiérrez

Al seguir una serie de autores (Milner y Crouch, 1993; Herrenkohl, Rupert, Egolf y Lutz, 1995 ), existen unas características propias en los maltratantes, en la dinámica familiar y en la propia sociedad que favorecen la aparición de la negligencia y del maltrato físico ; ello no quiere decir que allí donde surja uno o varios indicadores obligatoriamente deba aparecer un maltrato.

Por regla general, los padres maltratantes son considerados como personas diferentes de los padres que cuidan y aman a sus hijos. Esta percepción se debe posiblemente a que el maltrato se concibe como una práctica negativa en la educación infantil en donde los adultos no poseen o no desean desarrollar las habilidades parentales adecuadas. Además, se admite que el hecho maltratador es la manifestación de una carencia o disminución en las habilidades parentales para enfrentarse a situaciones conflictivas de estrés, por lo cual esta violencia familiar no se reduce sólo a las clases sociales más bajas.

Hemos mencionado factores biológicos, cognitivos, afectivos y conductuales. Dentro de los primeros destacamos la falta de salud física, problemas neurológicos, psicológicos. La dimensión cognitiva – afectiva engloba aspectos como la presencia de una baja autoestima y un yo parental muy fuerte, depresión, auto descripciones de infelicidad, mayor autoexpresión de ira, baja tolerancia ala frustración, estrés continuo, expectativas inapropiadas del hijo, escasas manifestaciones de afecto en las interacciones con el hijo y, por último, percepciones, atribuciones y evaluaciones inadecuadas de la conducta infantil. Por último dentro del aspecto conductual, los resultados de las investigaciones señalan que el consumo de las drogas, el abuso de alcohol, el aislamiento de la familia, las estrategias disciplinarias inconsistentes y desproporcionadas para corregir las transgresiones del hijo, así como las habilidades inadecuadas para hacer frente a situaciones conflictivas.

Los abusos que abusan sexualmente de los niños suelen compartir una serie de variables muy definidas. En la mayoría de los casos es un hombre de 30 a 50 años de edad; suele ser una persona conocida por la víctima que bajo engaños y autoritarismo desempeña la acción. Son impulsivos, con baja autoestima, alcohólicos y drogadictos, impotentes e incapaces de mantener relaciones sexuales con una persona adulta (Bagley y King, 1991).

CARACTERISTICAS FAMILIARES.

Cada uno de los progenitores aportan a la familia todo un sinfín de acontecimientos singulares y subjetivos que de alguna manera van a influir en la dinámica familiar. Si estas vivencias se integran y se procesan con eficacia es muy posible que la familia funcione. Sin embargo, por una serie de circunstancias aparecen chispazos matrimoniales que ponen en peligro la estructura familiar, dando lugar a una ecuación que favorece la aparición del maltrato físico y / o negligencia. Recientes estudios han puesto de manifiesto que los conflictos matrimoniales, el nulo o escaso soporte de la familia de origen, las pocas habilidades en la comunicación familiar, la excesiva valoración de la fuerza como estrategia disciplinaria, los enfrentamientos físicos y verbales, la presencia de un padre o madre no biológica, la falta de cohesión, el aislamiento social familiar ( de las instituciones de apoyo social, vecinos, amigos, etc. ) y las características propias del niño favorecen la aparición del maltrato. Si educar a un hijo normal es tarea difícil, hacer lo propio con uno que presente circunstancias especiales, lo es mucho más.

La investigación ha comprobado que el nacimiento prematuro, el bajo peso al nacer, las malformaciones físicas y / o psíquicas, la hiperactividad, el llanto, el no se deseado, problemas en la alimentación, etc., favorece el maltrato.

CARACTERISTICAS SOCIOLOGICAS.

Estas dimensiones también determinan la aparición de conductas parentales no deseadas. Podemos destacar el estudio demográfico de los cónyuges y de la familia. En el primer aspecto, la literatura consultada señala que los padres no biológicos, las familias monoparentales, la edad (hijos de padres adolescentes), el nivel de educación y la posibilidad de haber sufrido abusos en la infancia, contribuyen también al maltrato; igualmente que desatan estos actos, en la dimensión demográfica familiar donde se destaca la falta de recursos familiares y el excesivo número de niños en la familia. Por último, otros factores sociológicos que estimulan el maltrato son los relativos al aislamiento social, los múltiples eventos estresantes medio – ambientales y el convencimiento positivo generalizado existente en la sociedad sobre el uso de la fuerza y violencia para educar a los hijos.

 

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